Javier Monzón dimite a presidir Prisa en sustitución de Juan Luis Cebrián

Por: SentiLecto

Foto: Wikipedia – Felipe González and Lubbers Ypenburg (1985) – 2

Javier Monzón, que contaba con el respaldo del propio Cebrián, abocado a dejar el puesto de liderazgo de la compañía tras casi 30 años al frente de la misma, así como con el del ex presidente del Gobierno Felipe González, que habría intercedido a favor de esta secuencia, no va a presidir Prisa en sustitución de Juan Luis Cebrián. Este viernes El consejo de administración festejado es zanjado con la retirada de la candidatura del ex presidente de Indra. Según fuentes del medio de Monzón, declinó él mismo el puesto al quedar evidenciada una falta de consenso. Sin embargo, fuentes de este periódico exponen que en el consejo quedó igualmente claro que Cebrián también quería tutelar el relevo en los próximos meses, algo que tampoco encajaba en las precauciones de Monzón.

La oferta del fondo de Estados Unidos Rhône Capital , interesado en Santillana, no cumplió con las expectativas económicas de Prisa a la hora de eliminarse del principal motor para sus beneficios. De hecho, la área crítica, cada vez más firme en su postura frente a Cebrián, no auspiciaba esa operación dada la relevancia de la editorial.

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Foto: Wikipedia – Isidre_Fain%C3%A9_and_Miquel_Valls

La revelación de las verdaderas cuentas de la firma está haciendo más que estragos, desde que el nuevo presidente de Indra aterrizase en la compañía. Sorpresas, pocas, porque sospechas había desde hacía años y años… y muchas. Para más de un «observador», Fernando Abril-Martorell ingresó cual elefante en una cacharrería. Pero seguro que no por placer. Recibía, incluso antes de su nombramiento, el mandato «oficial» de devolver el esplendor a la que se había ganado el derecho a ser considerada referente de la industria tecnológica del país y de la marca España.Sin querer hacer sangre sobre su enrevesada y cacareada llegada al cargo, y tras los dimes y diretes de unos y otros al respecto, tanto a priori como a posteriori, Abril-Martorell fue nombrado presidente de Indra en enero de este año. Ha relevado a Javier Monzón, el otrora «intocable» , porque su principal accionista, la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales -vamos, el Estado- tenía razones de peso para «observarse obligado» a hacerlo. Entre los motivos a los que aludió entonces la SEPI para tomar la decisión destacó la fuerte caída de la cotización de Indra, desacompasada totalmente con la evolución del Ibex 35; los malos resultados obtenidos por la tecnológica ejercicio tras ejercicio; y la «decepción» percibida en los accionistas de la compañía, sobre todo entre los institucionales por este incierto comportamiento. Además, para más inri, afloraban día tras día ciertas incertidumbres en el mercado respecto a la estrategia continuada por Indra. La versión oficial, muy «light», lógico: «Como principal accionista de Indra, la SEPI está obligada a velar por la máxima solidez de sus participaciones accionariales y su patrimonio, así como a apoyar estratégicamente a las empresas industriales en las que está presente y en las que tiene intención de continuar». Y es que el Gobierno ha buscado durante meses la complacencia de los asociados de la tecnológica, y, finalmente, como presidente el nombramiento de Abril-Martorell fue impuesto a el de otros candidatos oficiales gracias a el voto de confianza de la familia March, también entre los principales accionistas. Él cumplía -cumple- el perfil de gestor con larga trayectoria y un currículum de buenos resultados a sus espaldas. En realidad, con probada experiencia en firmas de tecnología y finanzas , contaba tanto con la confianza del mundo empresarial como de la SEPI. Conocidas son las “muy buenas” migas que, por ejemplo, hacía con Isidro Fainé o con el de Telefónica, César Alierta. Isidro Fainé es el presidente de La Caixa. Ambos, para más señas, relacionados con Indra de forma directa e indirecta, ya que la operadora es accionista, con visos además de continuar ampliando participación, y la primera, a su vez, lo es de Telefónica. Así, pues, todos contentos y de pacto para que el empresario fuese el encargado de pilotar la nueva fase en Indra.

La revelación de las verdaderas cuentas de la firma está haciendo más que estragos, desde que el nuevo presidente de Indra aterrizase en la compañía. Sorpresas, pocas, porque sospechas había desde hacía años y años… y muchas. Para más de un «observador», Fernando Abril-Martorell ingresó cual elefante en una cacharrería. Pero seguro que no por placer. Recibía, incluso antes de su nombramiento, el mandato «oficial» de devolver el esplendor a la que se había ganado el derecho a ser considerada referente de la industria tecnológica del país y de la marca España.Sin querer hacer sangre sobre su enrevesada y cacareada llegada al cargo, y tras los dimes y diretes de unos y otros al respecto, tanto a priori como a posteriori, Abril-Martorell fue nombrado presidente de Indra en enero de este año. Ha relevado a Javier Monzón, el otrora «intocable» , porque su principal accionista, la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales -vamos, el Estado- tenía razones de peso para «observarse obligado» a hacerlo. Entre los motivos a los que aludió entonces la SEPI para tomar la decisión destacó la fuerte caída de la cotización de Indra, desacompasada totalmente con la evolución del Ibex 35; los malos resultados obtenidos por la tecnológica ejercicio tras ejercicio; y la «decepción» percibida en los accionistas de la compañía, sobre todo entre los institucionales por este incierto comportamiento. Además, para más inri, afloraban día tras día ciertas incertidumbres en el mercado respecto a la estrategia continuada por Indra. La versión oficial, muy «light», lógico: «Como principal accionista de Indra, la SEPI está obligada a velar por la máxima solidez de sus participaciones accionariales y su patrimonio, así como a apoyar estratégicamente a las empresas industriales en las que está presente y en las que tiene intención de continuar». Y es que el Gobierno ha buscado durante meses la complacencia de los asociados de la tecnológica, y, finalmente, como presidente el nombramiento de Abril-Martorell fue impuesto a el de otros candidatos oficiales gracias a el voto de confianza de la familia March, también entre los principales accionistas. Él cumplía -cumple- el perfil de gestor con larga trayectoria y un currículum de buenos resultados a sus espaldas. En realidad, con probada experiencia en firmas de tecnología y finanzas , contaba tanto con la confianza del mundo empresarial como de la SEPI. Conocidas son las “muy buenas” migas que, por ejemplo, hacía con Isidro Fainé o con el de Telefónica, César Alierta. Isidro Fainé es el presidente de La Caixa. Ambos, para más señas, relacionados con Indra de forma directa e indirecta, ya que la operadora es accionista, con visos además de continuar ampliando participación, y la primera, a su vez, lo es de Telefónica. Así, pues, todos contentos y de pacto para que el empresario fuese el encargado de pilotar la nueva fase en Indra.

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