El Plan ya está, pero ¿y la seguridad?

Por: SentiLecto

Generalmente, las segundas partes no son buenas, las terceras son refrito. Aunque se comuniquen como quien comunica la llegada esperada de lo insólito.

Desde 2006, uno de los ejes de gobierno más lastimados es el de la seguridad pública; la creciente expansión de los grupos del crimen organizado generó la sensación más negativa de los institutos y generó una profunda huella en el tejido social.

Durante la campaña de 12 años por la presidencia de la República emprendida por Andrés Manuel López Obrador, la crítica permanente a las políticas públicas de las administración de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto han resaltado la necesidad de revertir la participación del ejército en la dificultosa tarea de pacificar a México, eliminar la corrupción y regenerar el tejido social.

Suprema Corte declara inconstitucional Ley de Seguridad InteriorPUBLICIDAD

El hartazgo social y la permanente sensación de abandono por parte de la autoridad han llevado a la coronación de una propuesta de transformación que el día de hoy sorprende e inquieta. Dejando de lado la especulación y el impacto de peligro en los mercados, se comunicó con bombo y platillo el Plan Nacional de Seguridad para los próximos seis años.

Basada en la recomposición del tejido social, los planes de buena voluntad, la amnistía, los acuerdos, el consenso y moralidad, el Presidente electo de México comunicó la continuación de la militarización de las calles, ahora bajo el nombre de Guardia Nacional.

Los pareceres expresados son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la posición y la línea editorial de Forbes México.

Los ocho puntos que integran el Plan no articulan el cómo, y se limitan al qué. La descripción de acciones pero no de procedimientos es lo que destaca una propuesta poco innovadora, sencilla y que poco parece contestar a las complejidades del México fraccionado, polarizado y con urgencia de soluciones y atención.

Desde la integración de una Constitución moral una visión paternalista es propuesta , de un gobierno tutor que no habilita, sino que genera dependencia. Parece que se deja de lado la necesidad de modificar la oposición en proposición. Efectivamente el Plan de Seguridad tiene que ser progresista, multidimensional y multidisciplinaria; pero no sólo en el enunciado.

Cuando en vísperas de oficializar la transición la creciente especulación inunda a más áreas de la población, la retórica no es suficiente.

Cuando el mismo Estado tiene que encabezar las iniciativas de ética en la función pública que le permitan hacer frente a los dilemas éticos propios de la actividad, la ética y la moral son asuntos de Estado. Cuando desde todos los órdenes de gobierno se actúe con congruencia, la eliminación de la corrupción y la reactivación de la procuración de la justicia van a ser objetivos alcanzados.

La políticas públicas del siglo XXI tienen que ser bidireccionales, que impacten sobre cada Entorno de la vida nacional. No obstante, hablar únicamente de las acciones gubernamentales que “van a impactar” en la población, poco mencionan de la forma en la que de modo progresivo las estrategias

Partir del supuesto de que la inseguridad es igual en todos lados y, por eso, una estrategia es pedido con planes unívocos, es falaz y nos lleva a dar disparos, en vez de enfocar de modo adecuada la problemática de modo específico.

Y programas además de abatir la pobreza, pelearán en efecto la inseguridad.

Falta traducir en una lengua sencilla, precisa y contundente, la forma en la que los ciudadanos además de mejorar su poder adquisitivo puedan regresar a las calles sin el miedo de no regresar a casa o de ser víctima de algún tipo de delito.

Si lo que se busca es mantener, como lo plantea el recientemente comunicado Plan, a las fuerzas armadas, eliminar todo rastro de la Ley de Seguridad Interior hace sentido comunicado Plan, a las fuerzas armadas, pero con otro nombre; el de Guardia Nacional.

Aunque acusada de anticonstitucional, busca lo mismo, la convergencia de las fuerzas armadas y las policías en las calles, no podría ser sustentada con una Ley que : seguir con la militarización que desde el sexenio de Felipe Calderón tiene hundido a México en una de las épocas más volátiles para la seguridad en todos los frentes.

Más que reformular la pelea a las drogas, urge una cultura de precaución, de regulación y legalización. Pero parece que al pretender proponer la creación de leyes para “poner fin a los confrontamientos armados”, el trasfondo de ellos es olvidado y la problemática de raíz es dejada intact.

Ante la ríspida transición que se avecina, urgen mensajes claros, de certidumbre, confianza y que den señales de que hay trazado una verdadera estrategia de navegación.

Fuente: Forbes Mexico

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La historia de esta noticia a partir de noticias previas:
>El Plan ya está, pero ¿y la seguridad?
>>>>>Un plan de seguridad pública con muchos supuestos y muy difuso – November 15, 2018 (Forbes Mexico)

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