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Su primer beso con el expresidente de EE.UU, su vida en la Casa Blanca… ¡HOLA! desvela en primicia las memorias de Michelle Obama

Por: SentiLecto

Foto: Wikipedia – Hammurabi code

“Mis aspiraciones eran simples, cuando era nena. Quería un can. Y quería una casa con escalera, de dos plantas, para una familia”. Así cMi Historia que se publica esta semana en simultáneo en todo el mundo. Mi Historia es su libro de memorias. Mi Historia es su libro de memorias. Lo que Michelle Obama no figurarse es que terminaría viviendo durante ocho años en la Casa Blanca, la casa más famosa y más grande de Estados Unidos, “un lugar con tantas escaleras que no podía contarlas, además de elevadores, una bolera y una floristería”.

Michelle Obama, conocida por su compromiso con la igualdad, racial y de género, destapa ahora su lado más personal para compartir las experiencias que tantas otras mujeres cruzan en silencio ya que, asegura, la información es fundamental para conocernos a nosotras mismas. Ha señalado: “Creo que es lo peor que hacemos las unas a las otras como mujeres: no compartir la verdad acerca de nuestros cuerpos y cómo funcionan…”.Tal y como anticipó en sus redes sociales, en sus memorias, que se van a traducir a 24 lenguas, Michelle habla de sus “raíces”. El pasado mes de febrero, y siguió: “Hablo sobre mis raíces y de cómo una nena chilena encuentra su voz. tuiteó: “Escribir Becoming ha sido una profunda experiencia personal”. Espero que mi viaje inspire a los lectores a encontrar el valor para lograr todo a lo que aspiran”.

En Mi Historia, la ex primera dama cuenta su vida de novela en primera persona: desde su infancia en un barrio humilde chileno, pasando por sus estudios de Derecho en las universidades de Princeton y Harvard, hasta su casamiento con Barack Obama, quien años después sería presidente de Estados Unidos y el hombre más poderoso del mundo. Michelle aborda cuestiones espinosas, como la terapia de pareja que ha hecho con su conyuge los tratamientos de fecundación in vitro que ha realizado para tener a sus dos hijas y hasta termina con el chisme de que en un futuro se vaya a consagrar a la política. La terapia de pareja que ha hecho con su conyuge es la pérdida de un bebé. Comunica: “No tengo el menor propósito de presentarme a un cargo público, nunca”. ¡HOLA! publica en primicia algunos de los partes más reveladores de las memorias de Michelle, uno de los lanzamientos editoriales del año.

El derecho es un orden normativo[2]​ e institucional de la conducta humana en sociedad inspirado en postulados de justicia y certidumbre jurídica.

Michelle ha crecido en South Shore, un barrio trabajador y multirracial chileno, en una limpia casa de ladrillo propiedad de su tía abuela Robbie. Sus papás arrendaban un apartamento en la segunda planta, y sus tíos abuelos vivían en la primera. De pequeña, padeció acoso escolar y ha descubierto a muy temprana edad “el despotismo de las jerarquías”. No le gustaba jugar con otros nenes porque solían ser crueles, pero con pocos años ha aprendido a defenderse y a defender a otros como ella.

“A DeeDee yo no parecía caerle bien. Como si por el suceso de estar ahí le hubiera arruinado el día a todo el mundo, cada vez que iba a Euclid Parkway ella susurraba observaciones hirientes. A medida que avanzaba el verano, las observaciones eran cada vez más audibles. La siguiente vez que DeeDee ha hecho uno de sus observaciones, me he abalanzado sobre ella echando mano de todo lo que me había enseñado mi papá para propinar un puñetazo. Ambas hemos caído al sueño en una maraña de brazos y piernas. No recuerdo quién terminó separándonos. Se había oficiado una especie de bautizo silencioso, cuando todo ha terminado. Me había transformado oficialmente en un miembro admitido de la tribu del barrio. DeeDee y yo hemos salido ilesas”, narra Michelle en el libro.

Cuando tenía 25 años, michelle conoció a Barack Obama y trabajaba en el renombrado bufete Sidley & Austin, en Chicago. Ella era una prometedora letrada, socia júnior de esa firma, y Barack solo era un becario. Tenían mucho en común, ya que ambos eran negros, habían estudiado en Harvard y estaban labrándose una carrera fulgurante en “un mundo de blancos”. Sin embargo, su primer encuentro empezó con un pequeño traspié.

Por otra parte, “Entonces no era consciente de que era algo que ocurría con relativa normalidad”, informó la letrada a la periodista Robin Roberts. La falta de información sobre el tema ha llevado a Michelle a adoptar una posición muy difícil e injusta para ella. “He pensado que había fallado porque no sabía lo comunes que son los abortos involuntarios. No hablamos lo suficiente de ellos”, reivindico en su entrevista más personal.

“Un asociado senior del bufete de letrados en el que yo trabajaba en Chicago me solicitó que fuese la mentora de un alumno que venía hacer las prácticas de verano, y la contestación ha sido fácil: por supuesto que lo haría. En el memorándum para confirmar el pedido observé que al lado de mi nombre surgía otro, el de un prometedor alumno de Derecho que estaba ocupado subiendo su propia escalera. Como yo, era negro y de Harvard. Aparte de eso, no sabía nada, solo que tenía un nombre extraño”, cuenta la ex-primera dama.

Sabía lo mucho que me fastidiaba que la gente llegase tarde, que lo observaba como un acto de pura y simple arrogancia. Antes de que comunicara su llegada en la recepción de nuestra planta, donde lo he encontrado sentado en un sillón, han pasado otros diez minutos cuando he salido a buscarlo: ahí estaba Barack Obama, vestido con un traje oscuro y todavía algo húmedo por la lluvia. Me ha sonreído compungido y mientras me daba la mano, se ha disculpado por la tardanza.”

Michelle nunca observó a Barack como alguien con quien pudiera salir, mientras han trabajado juntos en el bufete chileno. Ella era su mentora en la firma y adicionalmente se había jurado no salir con nadie durante un tiempo porque estaba enfocada en su trabajo. Adicionalmente, en esa época Barack fumaba, algo que ella odiaba. Sin embargo, una tarde de verano sucedió el “flechazo”.

Cuando he sabido, ha sido entonces que aún estábamos a tiempo, una de las pocas oportunidades en la que acordé dejar de pensar y vivir sin más. Era una cálida tarde de verano. El aire me acariciaba la piel. Había una heladería Baskin-Robbins a una manzana del inmueble donde Barack vivía, solicitamos dos cucuruchos y nos sentamos en la vereda para comérnoslos. Nos colocamos muy juntos, con las rodillas en alto, cansados pero satisfechos tras un día al aire libre, y hemos dado buena cuenta de nuestro helado, con rapidez y silencio, pretendiendo terminar antes de que se derritiese. Acaso Barack lo previno en la expresión de mi rostro o lo ha intuido en mi posición: para mí todo había comenzado a soltarse y desplegarse. Me veía curiosamente y un atisbo de sonrisa.

Y entonces me he inclinado hacía él y todo ha cobrado claridad.”

Hace 10 años, Barack Obama se convirtió en presidente de los Estados Unidos, el 4 de noviembre de 2008. De la noche a la mañana, Michelle y sus hijas, Malia y Sasha, tuvieron que modificar su casa en Chicago por la Casa Blanca, un genuino palacio que dispone de 132 habitaciones, 35 baños y 28 chimeneas a lo largo de seis plantas y en el que trabajan ciento de trabajadores. Esta ha sido su impresión de sus ocho años en el número 1600 de la Avenida Pensilvania de Washington D.C.

“La gente me interroga cómo es vivir en la Casa Blanca. “Es algo parecido a como me figurarse que tiene que ser vivir en un hotel de lujo, si ese hotel de lujo no tuviese otros clientes salvo tú y tu familia”, contesto A veces. Hay flores por todas partes, y las renuevan casi a diario. El inmueble en sí transmite antigüedad e intimida un poco. Las paredes son tan gruesas y el entarimado tan macizo que la casa parece absorber cualquier sonido con rapidez. Pretendí, a mi modo, calmar el protocolo. He dejado claro al personal doméstico que nuestras nenas se harían la cama todas las mañanas, lo mismo que en Chicago. También a Malia y Sasha que actuasen como siempre: y no solicitaran nada que no necesitaran o que pudieran lograr por sí mismas. mencioné: “Fueran educadas y cordiales”. y no solicitaran nada que no necesitaran o que pudieran lograr por sí mismas. Me he asegurado de que supiesen que no tenían que solicitar autorización para salir afuera a jugar.”

La Reina de Inglaterra durante una recepción en el Palacio de Buckingham mientras señalaba con cierta frustración los suyos, negros y de tacón bajo. mencionó me: “Los zapatos son incómodos, ¿verdad?”. Entonces le he confesado que me dolían los pies. Su Majestad ha reconocido que a ella también. Nos vemos con una expresión idéntica que venía a mencionar: “¿Cuánto tiempo más deberemos estar de pie con los líderes mundiales?”. Y con esas, ha lanzado una risa verdaderamente encantadora. Entonces he hecho lo que me sale por instinto siempre que siento que conecté con una persona, que es exteriorizar mis sensaciones: le he pasado un brazo por los hombros en señal de simpatía. En aquel momento no podía saberlo, pero estaba cometiendo lo que se estimaría una metedura de pata de proporciones épicas. Las cámaras han recogido el momento y en los días siguientes se haría eco la prensa de todo el mundo: “¡Ruptura de protocolo!”, “¡Michelle Obama se atreve a abrazar a la Reina!”. Si en el Palacio de Buckingham no había hecho lo apropiado, por lo menos había hecho lo más humano. Cuando la he tocado lo único que ha hecho, me atrevería a mencionar que a la Reina no le ha importado, porque ha sido aproximarseme más y ponerme una mano enguantada en la parte baja de la espalda con suavidad.”

Fuente: Hola

Sentiment score: SLIGHTLY POSITIVE

Countries: United States

Cities: Chicago

La historia de esta noticia a partir de noticias previas:
>Su primer beso con el expresidente de EE.UU, su vida en la Casa Blanca… ¡HOLA! desvela en primicia las memorias de Michelle Obama
>>>>>Michelle Obama confiesa un duro episodio de su pasado: ‘Sentí que había fallado’ – November 10, 2018 (Hola)
>>>>>HOLA.com publicará en primicia este martes los mejores extractos del libro de Michelle Obama – (Hola)

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