Por: SentiLecto

Santiago ha sacado de casa los cuerpos de sus papás y de su hermano nada más asesinarlos a disparos porque no soportaba observar lo que había hecho. Desde que ha cometido un parricidio, la sensación que le causó esa imagen es la única emoción que verbalizó que, de no ser por esta aproximación sentimental, pareciese que siempre le ha sido ajeno. «No quería observar los cuerpos. Tenía terror y quería olvidar lo que había hecho», ha zanjado en la narración al que ha tenido acceso EL MUNDO.

En su relato de lo que ocurrió en la casa de campo en la que vivían se ha colocado en el papel de espectador y, desde la amplitud que da esa imparcialidad, fue despejando incertidumbre tras incertidumbre. Lejos de lo que pueda presuponerse ante un acontecimiento de esta importancia, su narración no ha sido urgente, ni arrollado, ni siquiera emotivo. Ha sido una explicación plana y detallada. También rotunda. A pregunta/respuesta. Sin reversos.

El testimonio del adolescente de 15 años cuadra con la rapidez con la que ha trasladado los cuerpos ala cochera de su chalé de Elche nada más disparar. En el caso de su madre y de su hermano, ha sido inmediato. Les mató y les ha sacado de la vivienda.

Dos horas después, cuando su papá ha llegado a casa y le asesinó ha hecho lo mismo: llevarle ala cochera lo más rápido probable. Ante un primer tiro, el hombre le ha arrebatado la escopeta, la ha dejado en el pasillo y ha sido al baño para observarse el disparo que tenía en el maxilar. Santi, que a partir de allí, planeó su coartada a través de los móviles de sus progenitores, suplantándoles la identidad para crear una realidad que se ajustase a la situación que había causado, recobró el arma y le mató en la limpieza. De hecho, los investigadores ven en esta postura una forma de «ganar tiempo» para dar percepción de normalidad y postergar que los crímenes quedasen al descubierto.

También enfatiza la inventiva que ha desarrollado y cómo ha medido los tiempos para pretender que nadie del medio laboral, familiar y social de sus papás sospechase. Resulta especialmente significativo el interés y el esfuerzo -milimétricamente estimado- que ha hecho para poner distancia entre él y los homicidios e impedir así sobresaltos.

Al día siguiente de cometer los crímenes, ha escrito a la madre de un compañero de clase de su hermano haciéndose pasar por su madre. , cincelando así una espontaneidad que sabía que le hacía ganar tiempo interrogó le: «¿Mandaron deberes para mañana?». El día anterior, nada más terminar con la vida de su madre, también se había inquietado de contactar con otro papá de la clase de su hermano.

En ese caso, le ha comunicado que el fin de semana se había fallecido un familiar en Albacete y que había ido al lado de su hermana, que había dado positivo en Covid, por lo que ella y su familia tenían que guardar cuarentena. Después, han mantenido un diálogo tipo ante situaciones de esta naturaleza.

Santi no eludió ninguna variable y ha abundado en todo aquello que se le ha planteado para terminar de abrochar una investigación que comienza y termina en él. Especialmente estremecedora ha sido el modo en la que ha comunicado a su tía que había matado a la familia.

El hombre le brindó ayuda y Santi ha encontrado calma en las contestaciones de los amigos de su madre al verificar que no han dudado en ningún momento de su identidad.

Lo mismo ocurrió con el jefe de su papá, al que ha escrito nada más darle muerte con tres tiros. «Tenía coronavirus y que al día siguiente no acudiría al trabajo», mencionó él/ella Le. «Le cogiese el teléfono para arreglar la baja, a lo que Santi siempre contestó con pretextos», insistía él/ella Sin embargo, al día siguiente y al en. Primero le ha contado que el móvil se le había mojado y, más tarde, que no podía entrar a su ordenador porque lo tenía su hijo.

En paralelo, el adolescente charlaba también con sus amigos de la institución y con los que había conocido on line a través de los videojuegos. Esa efímera realidad con pies de lodo ha durado tres días precisos. La quebraron sus tías que han acudido al chalé alertadas por la falta de comunicación oral. Sus tías son hermanas de su madre.

Han tocado el timbre y Santi ha salido. Mencionó: «No les fastidiéis, están durmiendo», cuando le interrogaron por sus papás. Una si no les observaba, de sus tías le ha amenazado con llamar a la Policía. El adolescente ingresó y ha salido con el móvil de su papá en la mano.

Las dos mujeres, en estado de shock, se han mantenido en el exterior del chalé al lado de Santi, que ya no se separaría de ellas. La Policía ha llegado y el adolescente ha juntado las manos y se las ha puesto delante a los agentes para que le engrilletaran. Terminaban así los tres días que Santi ha querido pasar «tranquilo» antes de entrar en el centro de menores.

Fuente: El Mundo

Sentiment score: NEUTRAL

Countries: Spain, Chile

Cities: Santiago, Albacete

La historia de esta noticia a partir de noticias previas:
>La única emoción del parricida de Elche: «No quería observar los cuerpos. tenía terror y quería olvidar lo que había hecho»
>>>>>El parricida de Elche: «Maté a mi padre porque sabía que se iba a enfadar y a mi hermano, para que no me delatara» – February 16, 2022 (El Mundo)

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