Por: SentiLecto

Foto: Wikipedia – Danielortega

Nota del editor: Soraya Rodríguez Ramos es letrada y eurodiputada española por Ciudadanos en el grupo Renew Europe. Los pareceres expresados en esta observación pertenecen exclusivamente a la autora. Observar más artículo de parecer en CNNe.com/opinion.

María Soraya Rodríguez Ramos es una letrada y política española.

Después de observar al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sugiriendo que inyectarse desinfectante puede ser una medida para pelear el covid-19, al presidente de Brasil, Jair Bolsonaro usar las medidas de emergencia sanitaria para amordazar las libertades, podríamos pensar que hemos visto el peor catálogo del populismo del siglo XXI. Jair Bolsonaro es viktor Orbán. Sin embargo, es que la realidad supera cualquier ficción distópica, si algo nos está demostrando esta pandemia.

Figurarse una nación cuyo gobierno, frente al avance del virus en países vecinos, convoca marchas multitudinarias con el lema: Amor en tiempos del covid-19, en el que las pancartas se alzan clamando el triunfo en contra del virus. Figurarse un gobierno que, ausente, surge puntual y fugazmente para repetir a los ciudadanos que la pandemia no va a alcanzar a ellos. Figurarse una nación en el que cualquier tentativa de autoprotección en contra de la amenaza inminente se convierte en una traición a la nación. Donde ponerse una mascarilla es un acto subversivo. Donde cualquier noticia o parecer especialista o disidente se tacha de desinformación y se convierte en fuente de alarma social respecto de una amenaza inexistente, irracional, injustificada.

Desgraciadamente, no se trata de un guion para una nueva producción en cualquier plataforma audiovisual.

Hablamos de la Nicaragua de hoy, de una realidad que hizo del Gobierno de la nación centroamericana el peor gestor del covid-19, según la revista investigadora The Lancet.

El Gobierno sandinista permaneció inmóvil ante el avance de un virus que ya sabemos emancipado de fronteras. Según la pareja presidencial y el Ministerio de Salud, la nación permanece casi inmune al covid-19 y sigue sin confirmarse la transmisión comunitaria. Las medidas de salud pública fueron tardías, tímidas y efectivamente insuficientes, con la excusa de un control absoluto de la situación y de un sistema sanitario avanzado, robusto y resistente a la pandemia, según sus dirigentes.

En Nicaragua sigue sin declararse la emergencia sanitaria, sigue la celebración de los eventos lúdicos y deportivos y las autoridades gubernamentales festejan y danzan a sus santos en fiestas religiosas que se dan de bruces con las parroquias cerradas y los actos suspendidos por las autoridades eclesiásticas. Salir a la calle y tomar en las tabernas es hoy un acto de fe en el régimen. El terror legítimo al contagio es favorecer la desestabilización, el caos, el odio. Es “romper Nicaragua”, en palabras del presidente Daniel Ortega. Los especialistas que comunican y alertan son “cerebros deformes”, según la vicepresidenta Rosario Murillo.

José Daniel Ortega Saavedra es un político y dirigente nicaragüense, actual Presidente de Nicaragua y líder del partido Frente Sandinista de Liberación Nacional .

La negociación del Gobierno sandinista aumenta diariamente la amenaza para la vida de la población. Cuesta figurarse que el personal sanitario no tenga equipos básicos de protección, no por desabastecimiento, sino porque el no reconocimiento de la pandemia transforma toda protección en alarma innecesaria. Esta situación afronta a los profesionales de la salud con un dilema perverso: atender a sus pacientes sabiendo que ellos mismos pueden ser vectores de contagio. Están agotados y atrapados en una política miserable y tacaña, como la que ha causado el despido arbitrario de seis profesionales del Centro de Investigaciones y Estudios de la Salud afiliado a la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua , por criticar las medidas gubernamentales, una determinación calificada de injustificada y riesgosa por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos . Esta misma universidad traslada a sus alumnos y doctores residentes de otras especialidades a cubrir patologías respiratorias sin previo aviso y a pesar de no haberse oficializado una emergencia sanitaria.

Y ya están abriendo las casas de campaña en el Hospital Militar y habilitando otros Sectores, también en el Vivian Pellas, para que allí estén los respiratorios y que no ingresen al hospital.

Hace 13 días, el Observatorio Ciudadano covid-19 contabilizaba ya 1.033 casos sospechosos de coronavirus en Nicaragua hasta el 9 de mayo, incluidos los que ha   reportado el Ministerio de Salud, el martes 12 de mayo.

Ve: Son más de 1.000 los casos sospechosos de coronavirus en Nicaragua, estima Observatorio Ciudadano En su comunicado del 12 de mayo, el Ministerio de Salud, que la población espera durante días el acceso a unos datos que no son transparentes ni fiables, como alertó de forma repetida la Organización Panamericana de Salud, ha señalado la existencia de 25 casos de covid-19 y ocho muertes desde el principio de la pandemia. Apenas pruebas son realizadas y probablemente las muertes por covid-19 se atribuyen a otras patologías. Esto cada vez mayor de entierros prácticamente clandestinos es inferida de la cantidad, cada vez mayor, de entierros prácticamente clandestinos que el Gobierno insta a las familias a realizar en plazos de tres horas. En un reporte filtrado a la prensa, y elaborado por especialistas del propio MINSA, 32.500 casos de covid-19 y 813 muertes eran calculados en los próximos 6 meses. Con estos datos en la mesa, es inexplicable la nula contestación de sus autoridades. ¿Cuántas vidas costará esta negación continua, empeñada en ignorar todo criterio investigador?

El derecho a la salud es también un derecho humano, y esta es la última frontera que la represión del régimen de Ortega y Murillo alcanzó hasta el momento. Por ello, como responsable de Derechos Humanos de Renew Europe en el Europarlamento envié una carta al alto representante y Josep Borrell instando a la UE a usar los instrumentos de política exterior apropiados de cara a favorecer la salud, un derecho humano hoy gravemente comprometido en Nicaragua. Josep Borrell es vicepresidente de la Comisión Europea. Seguiremos respaldando y acompañando desde el Parlamento europeo al pueblo de Nicaragua en su compromiso con la democracia y en su búsqueda de la reparación, la justicia y la verdad.

Ramírez, quien tiene una maestría en epidemiología por la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, reside actualmente en Irlanda pero se mantiene en estrecho contacto con sus colegas y se desempeña como consultor de epidemiología de la Asociación Médica Nicaragüense.

Nicaragua

Fuente: CNN en español

Sentiment score: NEUTRAL

Countries: Nicaragua, Hungary

La historia de esta noticia a partir de noticias previas:
>OPINIÓN | Coronavirus: cuando ponerse la mascarilla pareciese un acto subversivo
>>>>>Coronavirus: «El gobierno de Nicaragua está tratando de esconder los muertos» – (BBC)

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