El ferrocarril a ninguna parte para los refugiados en Grecia

Por: SentiLecto

Hay pocos lugares más tristes que un ferrocarril abandonado. En este caso, varios vagones de ferrocarril que han conocido tiempos mejores, algunos de primera clase, otros coches-cama, todos llenos de óxido y suciedad, sirven de asilo improvisado para cientos de inmigrantes y refugiados que se quedaron en la Grecia continental, tierra de nadie para aquellos que atravesaron el Egeo pero observaron cerradas las fronteras de Europa.

La dificultad añadida que ellos tienen es no tener un pasaporte de Siria, Irak o Afganistán, nacionalidades que, al menos durante unos meses, han garantizado el acceso a las naciones de Europa central a través de la conocida como camino de los Balcanes.

Al margen de los recuentos oficiales de migrantes y refugiados varados en Grecia como consecuencia del trato de Bruselas con Turquía para realizar deportaciones masivas de refugiados, eliminado de facto, hay decenas de miles de personas sin papeles procedentes de Marruecos, Argelia, Irán, Pakistán o Túnez que no pueden seguir adelante pero que tampoco pueden volver. Son ellos los que se tapan de las autoridades en lugares como este por toda Grecia.

En Lesbos, isla fundamental en el tráfico de seres humanos por parte de las mafias turcas, hay al menos 6.000 jóvenes tapados en viejas naves industriales o en un cementerio de camiones a las afueras de la capital de la isla, Mitilene. Son aquellos que están fuera del sistema de refugio, de los campos ‘oficiales’, que saben que no tienen ninguna posibilidad de obtener papeles: los olvidados del camino de los refugiados. Puede detenerlos y deportarlos, si la policía los observa. Y ninguno de ellos quiere volver a su nación.

A su vez, en Grecia no les dejan trabajar. Muchos están en campos de refugiados. Los campos de refugiados que se pagan con dinero de la Unión Europea o con lo que mucha gente de buena voluntad contribuye a ONG consolidadas o agencias de la ONU que son las que en comienzo trabajan en los campos. En los campos no hay nada que hacer. Lo informa magníficamente el documental de Julieta Cherep, La nena bonita: “aquí lo que nos sobra es tiempo”. No tener nada que hacer es deprimente. En los estudios sobre los parados de larga duración es uno de los temas que sale recurrentemente, y una de las causas principales de depresión. Y no se trata de no quieran hacer nada, es que no les dejan hacer nada. Ningún refugiado, asilada o migrante vino a Europa a vivir de la beneficencia. ¿En serio podemos llegar a pensar que gente que se ha expuesto hasta niveles insospechados, que se ha afrontado con la muerte más de una vez y de dos durante su viaje, lo hizo para terminar metida en un campo cerrado y vivir de la caridad?

Hace 1 mes, el número de refugiados de Siria superaba los cinco millones, ha comunicado la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados, el jueves 30 de marzo. La institución en un comunicado señalaba: “Cuando el número de hombres, mujeres y nenes que han escapado de Siria en estos seis años de guerra rebasaba la barrera de los cinco millones, la comunidad internacional necesitaba hacer más para ayudarles”. Casi tres millones de ellos vivían en Turquía, según datos de la agencia. Se trata de la nación que más sirios albergaba.

Se dona la vestimenta que llevan también. Pretenden levantar las tiendas en las que duermen unos centímetros del piso con maderas o cartones, para impedir la humedad que causa la lluvia. Algunos utilizan las viejas camas de los coches de primera. El que menos tiempo lleva ahí cumplirá meses en esa despensa fría que duele y montañas de residuo. Esa despensa es un limbo de concreto.

Por otra parte, muchos campos son horribles arquitectónicamente hablando. Me informa mi compañera la arquitecta Lucia Gutiérrez cómo en muchos casos se está usando una arquitectura deshumanizada que tira de recursos que se utilizan en las prisiones o sistemas para almacenar mercaderías inertes. Arquitectura perversa. Trives ha estado en un campo que estaba todo suceso con contenedores de acero. ¿Cómo se crea una comunidad en un pueblo hecho con contendores de acero? La gente hace milagros con lo que encuentra, mostrando una fuerza y una ilusión titánicas. Un parte de frazada aquí para prologar el espacio, una cazuela rota para meter brasas y hacer un mini fuego, la cocina es un recipiente gigante de acero corroído.

Como publica la doctora Vasileia Digidiki y la profesora Jacqueline Bhabha, algunos de estos jóvenes, totalmente dependientes de la comida que les sirven ONG como Open Borders, han empezado a prostituirse para poder comer , de la universidad de Harvard.

Fuente: El Mundo

Sentiment score: NEUTRAL

Countries: Tunisia, Syria, Iraq, Iran, Greece, Algeria

La historia de esta noticia a partir de noticias previas:
>El ferrocarril a ninguna parte para los refugiados en Grecia
>>>>>Cuando la gente se muere de pena – April 18, 2017 (El País)

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