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Por qué un triunfo de Le Pen no sería histórica para el feminismo

Por: SentiLecto

Foto: Wikipedia – BHamon2012

Se ha hablado sin cesar del suceso de que una mujer pudiera conquistar el Elíseo, cuando Ségolène Royal se ha presentado a las presidenciales francesas de 2007. Lo mismo ocurrió durante los comicios de Estados Unidos del otoño pasado, con Hillary Clinton como favorita . También ha sido objeto de debate en las primeras campañas de Angela Merkel, Michelle Bachelet o inclusive Margaret Thatcher. Todas sus candidaturas se estimaron históricas. La de Marine Le Pen, en cambio, no. Las cuestiones de género quedaron corridas de la campaña para las elecciones de Francia, pese a que una mujer figure entre los favoritos para conquistar la presidencia .

“se barre la cuestión del género bajo la alfombra. La ideología de Le Pen supone una dificultad. Es por la familia política a la que pertenece”, señala Marlène Coulomb-Gully, investigadora en comunicación política y actuación de género en la Universidad de Toulouse-Jean Jaurès, si nadie habla de este asunto. Ese silencio no evita observar que se trata de un asunto central para analizar su ascensión imparable. “Es una cuestión capital respecto a la notoriedad que alcanzó el Frente Nacional. Le Pen lidera un partido históricamente vinculado a valores viriles. Ser mujer le permitió abrirse a un nuevo electorado. Su feminidad fue un instrumento estratégico”, agrega la especialista. Las cifras no embaucan. Hace 5 años, durante su primera campaña en dirección al Elíseo, el resultado de la candidata ha sido prácticamente idéntico entre hombres y mujeres, en 2012. Jean-Marie Le Pen, en cambio, solía registrar cinco o seis puntos de diferencia entre ambos.

La líder del Frente Nacional, que canceló sus actos previstos para el día de cierre de campaña tras el atentado en los Campos Elíseos en el que un policía ha fallecido, hizo este viernes una breve declaración en la que aprovechó para sintetizar y sus medidas más drásticas en la pelea en contra del terrorismo y el Islam, ambos igualados en un discurso que llama al “despertar” del pueblo de Francia “en contra de la barbarie sangrienta”.

Hace 12 días, las distancias se estrechaban en las encuestas, el domingo 09 de abril. Y Jean-Luc Mélenchon, el héroe de la izquierda radical, protagonizaba una asombrosa remontada que le ubicaba en tercer lugar, detrás de Marine Le Pen y Emmanuel Macron. Inclusive François Fillon confiaba en llegar a la segunda vuelta. François Fillon es el candidato maldito de la derecha. Mélenchon y Fillon se aproximaban al dúo de cabeza y forzaban el mecanismo: ambos habían protagonizado mítines multitudinarios. Mélenchon, autodefinido como “el presidente de la paz”, había mencionado haber reunido en Marsella a 70.000 personas. No eran tantas, pero eran muchísimas.

No es ningún secreto que Marine Le Pen ha transformado su identidad de género en un punto principal de su argumentario. Minutos antes de que un ataque terrorista sembrase el miedo en París durante la noche del jueves, Le Pen ha pronunciado estas palabras en la televisión pública: “Soy madre y tengo tres hijos. No quiero sentir una puntada en el vientre cada vez que me mencionan que van de adquisiciones a La Défense, por terror a que se los agreda o se conviertan en víctimas del próximo atentado”. Alegaba así la necesidad de expulsar del lugar francés a las personas susceptibles de radicalizarse. Por un lado, pedía mano dura. Por la otra, lo hacía como madre de familia.

“La paradoja es que, a pesar de sus esfuerzos, se la siga percibiendo casi como a un hombre”, analiza la politóloga Mariette Sineau, especialista en política y género del Centro de Investigación Política de Sciences Po. “Ha heredado de su papá no solo el partido, sino también algunas calidades intrínsecas: su retórica guerrera, su voz y hasta su aspecto físico. Marine es el hijo que Le Pen no ha tenido. Puede que se comporte como tal”, si buscamos una explicación psicoanalítica. La politóloga Frédérique Matonti, profesora en la Sorbona y autora del reciente ensayo Le genre présidentiel, apunta a otra causa de peso para comprender por qué no se trata a Le Pen, que es casi una candidata queer”, como una mujer candiadata más. “Su recorrido profesional no tiene nada que observar con el del resto de mujeres en política. Ella no tuvo ninguna dificultad. Ha heredado el partido de su papá, sin tener que batirse por cargos ni investiduras”, señala. “Adicionalmente, utiliza su nombre de pila como una marca de fábrica omnipresente en su campaña y se respalda en su calidad de madre de familia para dulcificar una imagen violenta y atroz. Mencionaría que, como candidata, reúne calidades propias de un hombre y de una mujer.

¿Sería un ocasional triunfo de Le Pen una victoria feminista? “Resulta evidente que no. Ella solo utiliza el feminismo en contra de un mecanismo de guerra en contra del Islam”, contesta Sineau. Tampoco Coulomb-Gully está de acuerdo: “Cuando quiere condenar la religión mahometana, solo dice la libertad de las mujeres. Para Le Pen, el feminismo es un antifaz que le sirve para tapar su xenofobia”. Se rechazó a ponerse el velo para reunirse con el gran muftí, Abdellatif Deriane, en un barrio mahometano de Beirut, cuando la candidata ultraderechista se ha desplazado al Líbano en febrero. Florian Philippot observó en ese gesto “un magnífico mensaje de libertad y emancipación enviado a las mujeres de Francia y del mundo entero”. Florian Philippot es el vicepresidente del Frente Nacional. Sin embargo, un vistazo detallado a su programa permite descubrir otros tonos.

Por otra parte, “Nuestros intentados gobernantes, insuficiente, pusilánimes, están desprovistos de toda autoridad y toda fuerza moral”, declaró la candidata ultraderechista al Elíseo. Críticas a la “laxitud penal” del gobierno Hollande, pero alabanzas a los policías -la mitad de ellos van a elegir por el Frente Nacional el domingo, según los sondeos- que sí que están “comprometidos en la pelea por nuestras libertades, nuestra seguridad, nuestra civilización”.

Por ejemplo, Le Pen se opone a la paridad, que estima “opuesta a la meritocracia”. Y, a pesar de citar en sus discursos a la filósofa feminista Élisabeth Badinter o a Simone Veil, la ministra que ha legalizado la interrupción voluntaria del embarazo en la Francia de 1975, mantiene una posición ambigua al respecto. Hace 5 años, ha llegado denunciar ” los abortos de bienestar “, en 2012. Su partido también propone un “sueldo maternal”, que permitiría que las mujeres cobrasen el 80% del salario mínimo durante tres años para poder criar a sus hijos. “En el fondo, defiende un regreso al medio doméstico. Le Pen está interpretando un personaje muy alejado de lo que es. Va a ser una tragedia para las mujeres”, termina Sineau, si llega al poder.

Tampoco los hombres quedaron al margen de la eterna problemática del género. Hace 1 año, cuando interrogaron a Nicolas Sarkozy qué opinaba de Emmanuel Macron, el expresidente de Francia contestó : ” Es un poco hombre y un poco mujer, en mayo de 2016. Andrógino. Es la moda del momento”. Mientras los chismes más improbables circulaban por París, unos meses después, el candidato centrista desmentía su supuesta homosexualidad. “Macron transgrede una regla social y política, esa que dicta que la conyuge nunca puede ser mayor que el conyuge. Eso es lo que ha hecho aparecer esos chismes”, analiza Clément Arambourou, politólogo especialista en masculinidad en la Universidad de Burdeos.

La tregua, en todo caso, es ficticia. En ningún momento la campaña fue tan intensa como ahora, ni tocó como ahora el trauma que en los últimos años sacudió Francia.

Para Coulomb-Gully, ver a las personas que compiten por el Elíseo resulta interesante, porque constituyen “un abanico de todos los modelos de hombría”. “Frente a la masculinidad soft de Macron, François Fillon personifica al paterfamilias, el mejor representante del sistema patriarcal. Por su parte, Jean-Luc Mélenchon está dopado con testosterona. Se define como feminista, pero la animalidad le sale por los poros. Es un macho alfa incuestionable”, analiza.

No es casualidad que candidatos inscritos en una masculinidad más tradicional o hegemónica, como Fillon y Mélenchon, hayan consolidado sus posturas en la recta final. “La virilidad tiene efectos sobre el carisma, porque se suele asociar a estereotipos como el voluntarismo, la autoridad y la combatividad. La dinámica positiva de Mélenchon respecto al candidato socialista, Benoît Hamon, que tiene una imagen más suave, puede estar ligada a eso”, analiza Arambourou. Tampoco es casual que Macron terminara su intervención televisiva del jueves, la última ante una audiencia formada por millones de personas, repitiendo dos veces esta frase: “Soy un guerrero”, si está en lo cierto.

Benoît Hamon es un político miembro del Partido Socialista Francés y del Partido de los Socialistas europeos.

Fuente: El País

Sentiment score: SLIGHTLY POSITIVE

Countries: Lebanon, France

Cities: Paris, Beirut

La historia de esta noticia a partir de noticias previas:
>Por qué un triunfo de Le Pen no sería histórica para el feminismo
>>>>>Marine Le Pen llama al “despertar” del pueblo “contra la barbarie sangrienta” – (El Mundo)
>>>>>Le Pen redobla su retórica y el Gobierno la acusa de instrumentalizar el ataque – April 21, 2017 (El País)
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>>>>>>>>>>>>>>>>>Muere un policía en un tiroteo en los Campos Elíseos de París – April 20, 2017 (El Mundo)

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