Por: SentiLecto

Foto: Wikipedia – Sandro Rosell – 2010

Pocas cosas más ridículas que las metáforas futbolísticas puestas en boca de alguien con corbata. Qué más da. «Vamos a trabajar con precisión y vamos a sudar la camiseta». Josep Maria Bartomeu, que terminaba de llevarse por delante a Joan Laporta en las elecciones de 2015 , estaba eufórico. Los asociados no han reparado en que su presidente había acudido a los comicios aún imputado por el caso Neymar, lío del que ha escapado permitiendo que el Barça fuera condenado como instituto por delito fiscal. El escenario ingeniado por su orientador, Jaume Masferrer, era de cartón roca. Lo coronaba un plástico en el que surgían Messi, Luis Suárez y Neymar. Tridente y triplete. Tenía que ser suficiente. Pero la precisión ha sido ruina. Se la ha pisoteado y la camiseta, devuelta a Nike porque desteñía por la transpiración y que es, si lleva aún el mismo escudo porque los compromisarios no le han reído la gracia al presidente, en Roma, Liverpool y Lisboa. La sonrisa de Bartomeu ha sido la miseria del Barcelona.

Neymar da Silva Santos Júnior, conocido simplemente como Neymar o Neymar Jr. es un futbolista de Brasil.

Josep Lluís Núñez, que después de ser el virrey del club durante 22 años terminó en la prisión de Quatre Camins, siempre ha podido defender que ha sido él quien levanto la casa de La Masia, quien amplió el Camp Nou, quien multiplicó el riqueza, o quien aceptó un casamiento de conveniencia con Johan Cruyff para conquistar la Copa de Europa de Wembley. Joan Laporta, aún con el gusanillo de volver al poder, ha encontrado en Pep Guardiola al técnico que le ayudaría a construir uno de los mejores equipos de siempre. Sandro Rosell ha fiado su buenaventura, pero también su condena, a Neymar. El rastro judicial de su fichaje aún le persigue.

Alexandre Rosell i Feliu[1]​, más conocido como Sandro Rosell, ha sido presidente del Fútbol Club Barcelona entre 2010 y 2014.

¿Y Bartomeu? Ha ganado 13 títulos con el primer equipo. Siguió la obra de gobierno de Rosell, su mentor. Aceptó a los amigos de éste en la directiva, desde dentistas a decoradores. Y ha pensado que formando un G-1 logro mismo, sería suficiente, tal y como había gobernado Núñez. Desde revisar facturas hasta acordar los fichajes. Ya podían renunciar hasta seis vicepresidentes , que ya estaría él para cumplir con todas sus funciones.

Sus colaboradores nunca lo han percibido, en caso de que haya habido deterioro psíquico. Cuando trataba de bloquear el escape de Messi este verano y los seguidores, uno de sus directivos amenazaban con asaltar las oficinas. aseguraba: «Duerme a pierna suelta». Porque nadie ha resistido tanto y mejor que Bartomeu, a quien le han enseñado que las tormentas en el fútbol siempre disminuyen. Hasta que el Titanic terminó vomitando agua por todos los inodoros del club.

Bartomeu se ha acostumbrado desde el mismo momento en que Rosell le ha cedido la presidencia a ventilar las crisis con altas dosis de propaganda. De rechazar a Cruyff -imborrable aquella imagen del holandés devolviendo la insignia de presidente de honor cuando Rosell aún era presidente- a entregarse a la apología del cruyffismo. Un día un homenaje; otro, el nombre de un campo; el siguiente, una estatua.

Aunque nada parecía funcionar mejor que la seducción en la distancia corta. Y su sonrisa inocente. El pueblo empezó a llamarle Nobita. Tanta gracia le hacía que hasta se ha fotografiado con una figura del anime de Doraemon el día que ha invitado al palco a un youtuber. Poco importaba que el presidente le hubiera denunciado unos meses previamente. Bartomeu, que debía observarse reflejado en las penurias de aquel personaje, también creía que un gato cósmico le salvaría de cualquier dificultad. Hasta que Messi ya no ha podido tapar más pudores.

Aún era presidente interino -después de que Rosell renunciara, no ha pasado por las urnas hasta año y medio- y Bartomeu ya había aprendido cómo resolver las dificultades. La FIFA ha sancionado al club sin fichar por saltarse la normativa en la contratación de menores de edad. Bartomeu ha encontrado la solución. Ha desplegado una enorme pancarta en el Camp Nou con el lema: «La Masia no es toca». Aquella crisis la ha salvado ejecutando a Andoni Zubizarreta, a quien se le sucedió señalar al presidente en una breve intervención televisiva. Porque Bartomeu también se ha hecho con una trituradora. Ha sido el primero de los cinco responsables deportivos que han pasado por sus manos, y al que han seguido Robert Fernández, Pep Segura, Eric Abidal y Ramon Planes.

Nos jugamos la vida y el bienestar de mucha gente», aunque nada como la carta remitida por Bartomeu a Aragonès esa misma noche, en la que, además de volver a solicitar el aplazamiento de la votación, le ha responsabilizado ante hipotéticas consecuencias: «. El mandatario del Barcelona ha recordado al vicepresidente de Cataluñade Cataluña que estarían llamados a elegir 110.133 asociados. Y que la media de edad de la masa social asciende a 58 años, con más de 40.000 superando los 60. «Nuestra máxima inquietud se centra en impedir toda representación que coloque a estos colectivos ante un peligro elevadísimo de contagio atendiendo a su vulnerabilidad», siguió Bartomeu, que ha asegurado que su club se limita a «cuidar a la ciudadanía».Pero no fue así y la ‘guerra abierta’ entre Barça y Govern, con desacuerdos públicos varias, y el tiempo y los Estatutos apremiando, llevaron a Bartomeu a una especie de callejón sin salida.Pero no fue así y la ‘guerra abierta’ entre Barça y Govern, con desacuerdos públicos varias, y el tiempo y los Estatutos apremiando, llevaron a Bartomeu a una especie de callejón sin salida.

El miércoles 07 de octubre el precandidato a la presidencia del FC Barcelona y propulsor de la moción de censura Jordi Farré aseguró, tras confirmarse que habría votación, que lo mejor sería que Josep Maria Bartomeu y su Junta Directiva renunciaran para impedir el «trance» de la votación.

No le ha quedado más remedio que asumir que tenía que pasar por sus primeras y únicas elecciones cuando en enero de 2015 Luis Enrique, a quien había contratado en sustitución del Tata Martino, se afrontó a Messi tras una suplencia en Anoeta. «Todo tenía que pasar por el tridente», ha asumido El de Astumbo. y la temporada terminó con los títulos de Liga, Copa y, sobre todo, la Champions. Aquella noche, en el Olímpico de Berlín, no sólo Bartomeu se ha asegurado un nuevo mandato en el que agitaba el señuelo de los 1.000 millones de entradas y la construcción del faraónico Espai Barça, sino que el club también comenzó su procedimiento de descomposición. Nada ha sido a mejor.

Bartomeu ha descuidado la reformulación de aquel equipo campeón. Impidió dificultades con el vestuario a golpe de renovaciones y dinero. Y observó cómo Qatar, con el PSG como ariete, se tomaba su particular venganza tras quebrar el acuerdo de patrocinio con el emirato en la camiseta. Neymar escapó a París a cambio de 222 millones de euros. En la directiva azulgrana sólo se han creído el asunto hasta que observaron ingresar en el Camp Nou a los letrados con los maletines.

Bartomeu lo ha arreglado a su modo y ha mandado contratar a los fichajes más caros de la historia del club: Dembélé primero, Coutinho después. Una maniobra desbocada y fuera de mercado que ha recordado a aquel viaje de Joan Gaspart a Londres para reinvertir el dinero obtenido por Figo en Overmars y Petit. Griezmann sería la tercera pata de un dispendio de 440 millones de euros.

Coutinho, cedido al Bayern, ha marcado dos de los goles de Lisboa. Dembélé se ha pasado tres años en la enfermería. Griezmann, por quien después de que el francés se pitorrease de los directivos en La Decisión, ha debido pagar 15 millones de euros extra por haber negociado a espaldas del Atlético meses, se convirtió en un espectro indescifrable. Aquel documental, por cierto, lo ha producido Piqué. Verso libre.

Ha encontrado Bartomeu en Ernesto Valverde al entrenador adecuado para gestionar la decadencia. Hombre de club, eficaz y disciplinado. A pesar de ser consciente de que el presidente no sería capaz de limitar el creciente poder del camerino, se ha ganado al vestuario para salir adelante. Cuando se las festejó , ha conquistado dos Ligas y una Copa que. Los derrumbes continentales en Roma y sobre todo en Anfield han afeado una trayectoria que Bartomeu ha insistido en extender tras perder la final de Copa del Rey en contra del Valencia. Hace 1 año, ha preferido el presidente despedir a Valverde ocho meses en enero de 2019, tras una Supercopa de España de ultramar en Yeda, con el equipo líder en todas las competiciones. y vivo en todas las competiciones.

El procedimiento de selección del sustituto ha sido una barbaridad. Se cazó a Òscar Grau con Abidal en Doha para negociar con Xavi Hernández sin que Valverde hubiese sido despedido. Òscar Grau es cEO del club. Grau, con vestimenta de andar por casa, y Abidal se han fotografiado con el lesionado Dembélé para disimular. La estampa ha sido grotesca. Xavi se rechazó a admitir la oferta. También lo ha hecho Koeman, por entonces pendiente de dirigir a Holanda en una Eurocopa que terminaría postergandose por la pandemia. Se ha sondeado a Pochettino y Allegri. Y quien ha llegado al banquillo ha sido Quique Setién, un técnico que ha pasado de acariciar vacas mansas a ser menospreciado por vacas sagradas. Ha llegado sin haber conquistado título alguno, y se ha ido con las manos igual de vacías. Y con uno de las mayores vergüenzas de la historia del club: el 2-8 frente al Bayern.

El ridículo de Lisboa no ha sido más que la consecuencia de todos aquellos tumultos engendrados en la oficina presidencial. Como el Barçagate, aún en etapa de instrucción judicial, y por el que Bartomeu y Masferrer han contratado un aglomerado de empresas dirigidas por el de Uruguay Carlos Ibáñez para que monitorizase las redes tras el 1-O. «Alguien metió mano en la caja», después de que Bartomeu le invitase a irse por creer, ha clamado el vicepresidente Emili Rousaud que venía filtrando información a los medios. He picado en una entrevista al periodista Joanjo Pallàs de La Vanguardia ha denunciado: «Es un disparate que el club se haya gastado dinero en criticarnos».

Bartomeu, encerrado en su búnker, ha vuelto jugar con la bolita en las cáscaras de nuez. Hace 7 meses, comunicó elecciones, lo que le permitía terminar su mandato el 30 de junio de 2021 y cerrar el próximo ejercicio económico. Ha atraído a Koeman, el héroe de Wembley. Y tras encargarle al holandés que se deshiciera de Luis Suárez, muleta emocional de Messi, ha bloqueado la salida del argentino. El mejor jugador de la historia del club había acordado que su despedida no merecía más que un burofax.

Los asociados del Barcelona mencionaron basta. Aunque la liderase el precandidato Jordi Farré, animados por una iniciativa transversal han acudido en masa a firmar a favor de la celebración de un voto de censura. Fueron comprobadas 19.380 rúbricas. El presidente pretendió resistir. Y ganar tiempo. Previamente convenía barrer una mansión desvencijada. Zanjar los recortes salariales en un club que acarrea una deuda de 820 millones de euros, con la plantilla más rostro del mundo. Ha recurrido a la Guardia Civil para que el cuerpo demostrase una estafa a partir de cinco firmas sospechosas. Y, al final, a la pandemia. «No somos responsables de las siete epidemias de Egipto», que mencionaba su último vicepresidente económico, Jordi Moix.

Lo que no esperaba el Barcelona -o tal vez sí- era el muro que quedó levantado frente al Palau de la Generalitat. Ahí no encontró aliados. Para los miembros del Govern, nada evita el voto en contra de Bartomeu a pesar del avance de la segunda ola, el cierre de tabernas y restaurantes y el estado de alarma decretado por Pedro Sánchez. El pasado viernes Gerard Figueras, Secretari General de l’Esport previno ya: «No existe ninguna dificultad de tipo legal ni sanitario que evite su celebración».

Aunque tal era ya la agonía del régimen de Bartomeu que ni la política, ni siquiera la pandemia, se sostienen ya como coartadas. La escapada ha llegado a su final. La sonrisa, por fin, se ha torcido.

Fuente: El Mundo

Sentiment score: NEUTRAL

Countries: United Kingdom, Germany, France

Cities: Liverpool, Paris, London, Berlin

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